“De casta le viene al galgo”En los tiempos que corren, difíciles como en crisis anteriores aunque con características diferenciadas, es cuando el Project manager debe dar la talla.Los márgenes se han reducido y la eficiencia en la gestión debe ser la garante del cumplimiento de los objetivos. Hay ahora una diferencia relevante con la etapa anterior, la calidad de nuestra gestión determinará el “pasa o no pasa” de la operación.
Pero no nos llevemos a engaños, son momentos de oportunidad y en los que no se cuestiona que el equipo que lidere el proyecto debe ser el mejor. Nadie es partidario de asumir riesgos adicionales en tiempos de galerna y las compañías dotarán al proyecto de líderes capaces de navegar en estas condiciones adversas.
Se valoran las diferencias entre los equipos de gestión, ya se distingue entre churras y merinas y no es oro todo lo que reluce. Nosotros, desde esta margen del río debemos recordar cuáles son las principales características del perfil de un buen Project manager, priorizarlas y transmitir al equipo en estas situaciones y, si cabe, hacer aún mayor hincapié. Luego vendrá lo “del pecho al agua cuanto antes”.
La mentalidad empresarial, el tener un enfoque fundamentalmente de gestión con un soporte técnico adecuado, nos facilitará determinar coordenadas y holguras dentro de lo que deba moverse el proyecto.
Como no, el Project manager, debe tener una capacidad de liderazgo, que así sea vista por todos los intervinientes, el equipo propio y demás colaboradores. Liderazgo que debe ser un adecuado balance entre la capacidad de mando, la habilidad para formar un equipo y tener la empatía necesaria para hacer de los objetivos del proyecto, los objetivos de todos sus miembros. Aquí, o “llegamos todos o no llega nadie”. Las explicaciones del motivo de las desviaciones no son más que literatura barata y que, desde luego, no interesan a nadie. Las rigideces entre el equipo, interno y externo, aparecen en primer lugar cuando el responsable de la gestión no está a la altura.
Otra reflexión que debe hacerse el Project manager es la de hablar claro, y transmitir y exigir a cada uno de los intervinientes que cumpla con la parte de la misión encomendada. No sirve el templar gaitas, pero eso sí, y para mí es lo más importante: reconocer el valor añadido que aporta cada uno de los intervinientes. Nuestra relación con los equipos de arquitectura es muy buena, somos de los que disfrutamos gestionando buenos proyectos y debemos dejar que el equipo de proyecto desarrolle ese concepto que en todos los casos va a darle un valor añadido a la inversión.
Y como a todos los platos les falta un punto: la revisión. Qué diferencias de alcance cuando esa revisión crea un clima integrador que conduce nuestro día a día.
En definitiva, que la alabanza que digan del Project manager, sea la que se suele oir en los corros de cazadores de su mejor colaborador: “de casta le viene al galgo”.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada